MIS TRES DESEOS PARA LA LÁMPARA
“Mis tres deseos para la lámpara: Sexo, Rock y Tú”... Así empezaba la canción agonizante de Lucas. Eran acordes rotos de dolor, desesperación, acordes que ansiaban la templanza, el volver a verse reflejado en el carisma, ya, caduco, en aquel que jamás volvería a ser, su esencia, su yo, se habían marchado con ella. Una mesa, un vaso de agua, una foto empañada en lágrimas y una caja de barbitúricos…
El no se las daba de poeta, sus composiciones eran modestas, con vida, con fuerza, pero modestas. Su romanticismo era aquel con un toque irresistiblemente soñador, pero sin caer en lo que a el llamaba, “cursilería”.
Mara, tenía el cabello rubio oscuro con tez blanca y unos profundos ojos negros que hacían ver la noche en plena luz del día, era la musa de cada día de Lucas. Mara era diferente, le impulsaba a pensar en algo distinto para ella cada día, lo que llevaba, también, a una gran imaginación en sus letras, que se plasmó en el público hasta tal punto, que aquel año saltó a la fama.
Su relación siempre había sido, la relación perfecta para todos. Tenían una total conexión, se comprendían con sus miradas, con sus besos improrrogables y con el sexo. Tenían una relación de absoluta confianza, incluso en los últimos tiempos, cuando Lucas dejó de pasar tanto tiempo en casa.
Mara era profesora de la Universidad de Bellas Artes de Madrid. Gran pintora, había conseguido destacar en un par de exposiciones, pero recibió la total aprobación, por su faceta de restauradora. Mara había hecho un trabajo espectacular de restauración con su equipo, en un cuadro encargado por el Museo Thyssen. El resultado fue tan satisfactorio, que Mara entró a formar parte del equipo como Jefe Conservador en apenas quince días.
Se conocieron en Toulouse, en la “Académie des Jeux Floraux”, es una sociedad literaria creada en el año 1323, la cual convoca un concurso de poesía cada año, y como premio entrega unas flores hechas de oro y plata. Lo más curioso de todo es que se conocieron en los jardines, pues a ambos parecía atraerles más el entorno que el mismo certamen en si.
Ambos se encontraban de viaje de placer y también atraídos por el impactante atardecer que daba lugar cada tarde, a orillas del río Garona.
Charlando como si se conociesen de toda la vida, se pasaron toda la tarde... y toda la semana, pues desde ese momento no se separaron más. Fueron unos comienzos intensos, que al contrario de cesar, aumentaron con el paso del tiempo. A pesar de que Mara era muy independiente, y reticente a vivir juntos al tercer mes como pretendía Lucas, cedió. Se instaló un mes más tarde, ocupando cada mesa y cada estantería con los múltiples colores de su maletín.
Les gustaba sentarse por la noche en el sofá, y beber una copa de “Veuve Clicquot”, acompañado por la cantidad justa de marihuana. Después, Lucas le tocaba un par de canciones, especialmente aquella que volvía loca a Mara “Sexo, Rock y Tú” que conseguían en Mara justo el efecto deseado, desnudarla.
Un día, Lucas recibió un mail de su representante, una importante casa discográfica se había visto interesada por la maqueta que le enviaron el mes pasado y concretaban una entrevista en Londres a mediados de mayo. Fue una gran noticia, ya que Lucas llevaba un año llamando a la puerta de todas las discográficas posibles, obteniendo la misma respuesta:
- Es muy buena, pero no es lo que estamos buscando en este momento.
Y Lucas daba media vuelta sin perder la esperanza, pensando que en algún momento tocaría la campana y conseguiría su sueño. Además, sabía que en casa le esperaba la infatigable sonrisa de Mara, siempre dispuesta a subirle el ánimo y la moral. Y lo conseguía, vaya que si lo conseguía.
Y la campana sonó, una importante casa discográfica estaba interesada en su maqueta, y eso significaba que el buen momento estaba a punto de comenzar. Iba a recoger lo que con tanta paciencia había sembrado durante años. No lo pensó dos veces, encendió el ordenador y buscó unos billetes a Roma, Mara decía a menudo que quería volver a ver la Fontana de Trevi, y bueno la ocasión lo merecía y decidió sorprenderla.
Entre risas, Mara no paraba de preguntar:
- ¿Dónde vamos?
- Tengo dos sorpresas para ti, una la verás en cuanto lleguemos a la Terminal y la otra te la daré cuando lleguemos.
- ¡Estás loco Lucas!
Era semana santa, y el aeropuerto estaba lleno de gente. Lucas identificó rápidamente la puerta 56 donde ponía: “Roma – Fuimicino”, y allí era donde se dirigía tirando de la mano de Mara, cuando notó que ésta iba perdiendo fuerza, hasta llegar totalmente a liberarse de la suya.
- ¡Mara! ¡Mara!
Mara se había desplomado en el suelo. Rápidamente se hizo un corrillo alrededor, consiguiendo asustar aún más a Lucas “... Levántale los pies, póngala con la nunca hacia abajo...” los comentarios consiguieron abrumarle, hasta que finalmente Mara abrió los ojos.
- ¿Qué ha pasado Lucas? – dijo con un hilo de voz –
- Nena, te has desmayado y además, te has dado un golpe terrible – dijo Lucas con voz calmada - ¿Te encuentras bien?
- Sí, un poco atolondrada, pero deseando subir al avión – dijo riéndose-, que vergüenza...
- Pues no se hable más.
Y fueron dirección a la puerta 56 gastando bromas sobre lo sucedido.
Ya arriba, Mara fue perdiendo poco a poco el color blanquecino de minutos antes, y Lucas no volvió a darle importancia a lo sucedido hasta llegar a Madrid.
Fueron cuatro días inolvidables. Las canciones de Lucas en la noche, las risas de ambos en el día... se consagraron como la pareja ideal, no había más búsquedas ni más caminos, ellos eran, su complemento ideal. Mara hacía que cada día fuese una aventura, que el solo hecho de mirarla te diera la fuerza necesaria para levantarte cada día y empezar con una sonrisa, Mara era... su sueño.
Y Lucas mientras tanto soñaba, escribía, y en sus letras se notaba el ligero toque de vitalidad que Mara le aportaba. Volvió a Madrid con seis canciones nuevas y con energías para afrontar lo que se le venía por delante.
Al subir al avión, Lucas notó mala cara a Mara, pero no le dio importancia, ya que debería estar agotada, pues si algo no habían hecho muy bien en Roma era, precisamente, dormir.
Durmió durante todo el trayecto, se mantuvo en pie hasta el taxi, en donde volvió a dormirse. Ya llegando al apartamento, Lucas colocó la maleta, mientras que Mara, rendida, se había tumbado ya en la cama.
Esa noche no hubo ni marihuana, ni guitarra, ni canciones, ni tan siquiera Veuve Clicquot, y Lucas decidió picar algo e ir también a la cama.
Cuando fue a tumbarse en la cama observó a Mara, estaba pálida y completamente envuelta en sudor.
- Nena, ey nena, ¿Estás bien?
Mara hizo un ligero gemido.
- No muy bien Lucas... siento mucho calor.
- No te preocupes nena, llamaré a un médico.
Una sensación de pánico se apoderó de el, un terrible presentimiento… puede que sólo fuera una gripe o algo parecido, pero Lucas no conseguía librarse de sus pensamientos.
Una hora más tarde llego el Samur. Un chico y una chica rodearon la cama y comenzaron a hablar y a hacerle pruebas a Mara. La cara de ambos mostraba preocupación, tras un par de pruebas más se giraron hacia él.
- Mire, -le dijo el chico-, podría ser una gripe, lo cual justificaría la fiebre tan alta, pero no obstante pasaría por su médico para que la realizarán un control.
- Muchas gracias, es lo que haremos.
Esa noche, Lucas no pegó ojo. Si algo la pasará… y más ahora, que por fin tenían ambos la situación que esperaban. A primera hora tenía que estar en la discográfica y, faltar el primer día no sería una buena idea.
- No te preocupes, llamaré a mi madre
Mara intuyó su preocupación y se apresuro a calmarle, seguramente fuese una gripe y no tuviese la mayor importancia, así que no veía motivo por el que Lucas tuviera que faltar al trabajo, además su madre andaba un tiempo reclamando su atención, y bueno seguramente estaría encantada de acompañarla.
Desayunaron juntos, Mara seguía débil y con fiebre, así que Lucas llamó a su madre y al ambulatorio para pedirle cita.
- Te han dado a las once, llámame cuando acabes ¿Ok?
- No te preocupes.
Tras esperar una hora (algo habitual en la seguridad social), y cuando ya empezaba a perder la paciencia, por fin la enfermera pronunció su nombre:
- Mara Ranedo, por favor.
Y notando la cara de angustia de su madre se dirigió hacia la puerta acompañada por ella. Dentro el médico le hizo todo tipo de preguntas. Ella le contó los síntomas de los últimos días, tanto la pérdida de apetito como, el cansancio y la fiebre. Tampoco obvió el mareo del aeropuerto.
El médico determinó hacerle los análisis al día siguiente, justo cuando Lucas tenía la firma en la discográfica y a la cual había prometido acompañarle. El problema es que el médico lo estaba haciendo como favor especial y bueno, supuso que Lucas lo entendería. Cuando salió de la consulta, llevó a su madre a casa, no sin antes prometerle que la dejaría acompañarla al día siguiente otra vez. Ella accedió, no quería discutir con ella, necesitaba llamar a Lucas para avisarle que no podía contar con ella.
- ¿Me perdonas?
- Claro que sí tonta, no te preocupes, peor sería si fuese mi primer concierto.
Esa noche, volvieron a sentarse con la guitarra y a reírse de nuevo y quitaron importancia a las pruebas de Mara.
Aquella noche, Lucas, soñó con Toulouse, con su cara en los jardines de la “Académie des Jeux Floraux”, y de la facilidad que tuvieron para conectar. Fue un sueño agradable, y despertó de buen humor. Mara tenía mejor aspecto y eso le tranquilizó bastante.
Mara, después de los análisis fue al trabajo, llevaba dos días de retraso; la exposición que solicitaron hacía dos meses estaba a punto de comenzar, y aún le quedaban muchos días de trabajo para que todo estuviese listo.
Pasaron los días con tranquilidad, Lucas ya estaba a punto de dar su primer concierto, y entre eso y la exposición, ambos casi pararon en casa en toda la semana.
El lunes, al llegar del trabajo, Mara encontró una carta del ambulatorio en el buzón. Le pedían que se presentara lo antes posible en la consulta. Su corazón dio un vuelco, algo no iba bien, guardo la carta en el bolso, no quería que lo viera Lucas, estaba tan ilusionado con su estreno… sería mejor que no se enterara.
- Mara, lo siento, pero tus análisis no son buenos. – el médico puso voz grave y firme, a la vez que sus ojos denotaban que le encantaría no estar allí, y salir corriendo.
- ¿Qué ocurre?
- Es leucemia, Mara.
- No…no puede ser – apenas le salían las palabras de la boca –
- Lo siento Mara, los análisis dicen que los niveles son muy altos.
No quería preguntar lo que eso quería decir, no era posible, veía todo borroso, toda su vida había llegado hasta ahí… Lucas, que le diría a Lucas.
El móvil sonaba, era él. ¿Qué iba a hacer?, contestar con total naturalidad y no decirle nada. Pensó en cuestión de un segundo que sería mejor que Lucas no pasase la fase peor de Mara sabiendo lo que tenía, que quizás ocurriera un milagro y todo quedase en una pesadilla.
- Hola cariño – su voz sonó tranquila y suave-
- Hola nena, ¿Qué te han dicho de los resultados?
- Nada, sólo un poco de anemia…
- ¡Genial!
Y ahí se quedó todo, pasaron los meses y Lucas comenzó con la gira, con lo cual pudo combinar perfectamente, sus secretas visitas al oncólogo. La relación marchaba mejor que nunca, incluso con la distancia, ambos tenían fe ciega el uno en el otro, y apenas notaban los kilómetros que había entre los dos.
Lucas volvió en septiembre, con un mes de vacaciones por delante, y con ganas de invitar a Mara a una escapada a Toulouse. Pero cuando entró en casa y vio a Mara, todo se desvaneció.
- ¿Qué te pasa nena?
- Nada –dijo Mara entre risas- ¿Por?
- Estás demasiado delgada… y tienes la cara demacrada.
- Vaya, muchas gracias – dijo con voz burlona- tengo unos días horribles de trabajo…
Lucas no la creyó. Pero a pesar de ello, no tenía más remedio que confiar en su palabra. Vieron algunos vídeos de la gira, rieron, cantaron, y acabaron como solía ser habitual. En la madrugada, Mara comenzó a agitarse en la cama, parecía ahogarse y estaba empapada en sudor. En apenas veinte minutos ya estaban en el hospital.
Lucas rellenó todo el papeleo en la ventanilla del hospital y se fue a esperar a la sala.
Pasados treinta minutos salió el médico a hablar con él.
- Esta en la fase terminal, no creo que pase de esta noche, lo siento muchísimo.
- Perdone, creo que se está equivocando ¿Cómo dice? ¿Estamos hablando de la paciente Mara…?
- …Ranedo, lo siento ya sabe como son estas enfermedades…
- ¿A qué se refiere?
El médico le contó todo, y Lucas se quedó completamente hundido en aquella fría silla, en aquella sala con olor a química, no puede ser, se repetía y pasada una hora, cuando notaba que toda la habitación daba vueltas y se abalanzaba contra el, el médico de antes volvió a donde el se encontraba y le dijo:
- Lo siento, no hemos podido hacer nada.
Lucas se quedó frío y comenzó a correr, corrió toda la Gran Vía, Montera y siguió corriendo hasta llegar a casa. Las lágrimas no le dejaban ver. Entró en casa, apenas teniéndose en pie y sin pensar dos veces, puso el CD titulado “Mis tres deseos para la lámpara”, se sirvió un vaso de agua, cogió boli, papel y la caja de barbitúricos que encontró en el mueble del baño. Se paró un momento a pensar en Toulouse y en su tez blanca, en aquellos ojos vivaces que hacían sonreír a pesar de todo… ya no estaba.
Cuando lo encontré aún estaba empapado en lágrimas, de fondo, aún sonaba su quebrada voz en la cadena cantando “Sexo, Rock y Tú”, y en la mesa, a su lado, sólo un papel que decía:
“Eres la última canción de esta noche”

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